Las emociones son sentimientos, estados que impulsan a la acción. Son reacciones a un estímulo, una respuesta adaptativa ante una exigencia procedente del exterior. Una emoción es un fenómeno que forma parte de un proceso cognitivo con el que cada sujeto construye la realidad y da sentido a lo que le rodea.

Pierre Bourdieu utilizó el término habitus para referirse al conjunto de disposiciones en el individuo que determinan la acción. Para Bourdieu esta tendencia es compartida por grupos poblacionales situados en una estructura social definida. Ahora bien, las emociones también forman parte del “esquema interno” del sujeto y, por tanto, definidas o moldeadas por la estructura.

El modelo de acumulación capitalista define y organiza los elementos culturales de una sociedad en cada momento a lo largo de la historia. Eva Illouz propone que cada configuración del capitalismo lleva aparejada una construcción de una cultura emocional determinada. Según la socióloga, en la actualidad prevalece un modelo denominado homo sentimentalis producto de la influencia del psicoanálisis, la literatura de consejos y el feminismo. Para Illouz, las personas manejan sus sentimientos como una entidad externa a ellas, los consideran un valor y una experiencia de la que deben ser conscientes y racionalizarla. De no harcerlo, no podrán estar satisfechos con su vida.

El novelista Milan Kundera en su libro La inmortalidad (1988) realiza un buen retrato del homo sentimentalis. He aquí un fragmento suficientemente explicativo:

“El homo sentimentalis no puede ser definido como un hombre que siente (porque todos sentimos), sino como un hombre que ha hecho un valor del sentimiento. A partir del momento en que el sentimiento se considera un valor, todo el mundo quiere sentir; y como a todos nos gusta jactarnos de nuestros valores, tenemos tendencia a mostrar nuestros valores […]. Es parte de la definición de sentimiento el que nazca en nosotros sin la intervención de nuestra voluntad, frecuentemente contra nuestra voluntad. En cuanto queremos sentir (decidimos sentir, tal como Don Quijote decidió amar a Dulcinea) el sentimiento ya no es sentimiento, sino una imitación del sentimiento, su exhibición. A lo cual suele denominarse histeria. Por eso, el homo sentimentalis (es decir, el hombre que ha hecho del sentimiento un valor) es en realidad lo mismo que el homo hystericus.”

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Para los que conocen la novela 1984 de George Orwell, la Habitación 101 es un espacio en el que se encuentra “lo peor del mundo”, tal y como lo definiría el lider fascista O’Brien en uno de los últimos capítulos del relato. En esta sala de tortura se actúa sobre la conciencia con el fin de deshumanizar a las personas, siendo el terror el vehículo utilizado para conseguirlo.

El relato del inglés es trágico, crudo y verosímil, tanto como la realidad misma. En verdad, todos somos de alguna forma Winston Smith —el protagonista, antihéroe, de esta conocida distopía— ya que cada día buscamos la forma de equilibrar la fuerza de nuestra mente y la de nuestras emociones. Fuera de nosotros existe un mundo que continuamente nos somete al influjo de numerosos estímulos que nos lo pone muy difícil. Nuestra mente los ordena y no lo hace al azar: nuestra edad, el lugar donde nos criamos, donde trabajamos, nuestro sexo, la nacionalidad, nuestro grupo de referencia, el nivel académico, el estado en el que vivimos, la(s) lengua(s) que hablamos, nuestra opción sexual, la forma en que decidimos convivir bajo un mismo techo (con nuestra pareja, familiares, o sólos), nuestras creencias religiosas, nuestra anatomía, la genética, la ciudad en la que residimos, en definitiva, tantas y tantas circunstancias son las que definen nuestro pensamiento, nuestras emociones y nuestras acciones.

Los humanos formamos grupos con características biológicas, sociales y culturales que nos diferencian, que se muestran como tales en un sistema social, que no sociedad. Esta circunstancia es determinante porque un sistema es un ente organizado y ordenado alrededor de un elemento clave: la información. Esto será tema para otras entradas en este blog.

Las emociones forman parte decisiva en la dinámica del sistema. La información no está formada por datos extraidos de la realidad, puros y asépticos. La elaboración de la información también conlleva una carga emotiva que influye en la percepción y asimilación del individuo que la recibe. El terror, por ejemplo, es una emoción humana que sirve para asegurar nuestra supervivencia como especie pero también tiene otras utilidades. Este hecho también dará para muchas entradas en este proyecto.

Me gustaría despedir esta entrada con una frase extraída de la novela a la que hacía referencia al comienzo. Winston Smith, en el lecho amoroso con Julia, tras leer unas líneas de un libro subversivo, le dice “comprendo cómo pero no comprendo porqué”. El proyecto de este blog es desmenuzar el cómo, saber un poco más de él. El porqué no es asunto de la Ciencia.