La Habitación 101

Para los que conocen la novela 1984 de George Orwell, la Habitación 101 es un espacio en el que se encuentra “lo peor del mundo”, tal y como lo definiría el lider fascista O’Brien en uno de los últimos capítulos del relato. En esta sala de tortura se actúa sobre la conciencia con el fin de deshumanizar a las personas, siendo el terror el vehículo utilizado para conseguirlo.

El relato del inglés es trágico, crudo y verosímil, tanto como la realidad misma. En verdad, todos somos de alguna forma Winston Smith —el protagonista, antihéroe, de esta conocida distopía— ya que cada día buscamos la forma de equilibrar la fuerza de nuestra mente y la de nuestras emociones. Fuera de nosotros existe un mundo que continuamente nos somete al influjo de numerosos estímulos que nos lo pone muy difícil. Nuestra mente los ordena y no lo hace al azar: nuestra edad, el lugar donde nos criamos, donde trabajamos, nuestro sexo, la nacionalidad, nuestro grupo de referencia, el nivel académico, el estado en el que vivimos, la(s) lengua(s) que hablamos, nuestra opción sexual, la forma en que decidimos convivir bajo un mismo techo (con nuestra pareja, familiares, o sólos), nuestras creencias religiosas, nuestra anatomía, la genética, la ciudad en la que residimos, en definitiva, tantas y tantas circunstancias son las que definen nuestro pensamiento, nuestras emociones y nuestras acciones.

Los humanos formamos grupos con características biológicas, sociales y culturales que nos diferencian, que se muestran como tales en un sistema social, que no sociedad. Esta circunstancia es determinante porque un sistema es un ente organizado y ordenado alrededor de un elemento clave: la información. Esto será tema para otras entradas en este blog.

Las emociones forman parte decisiva en la dinámica del sistema. La información no está formada por datos extraidos de la realidad, puros y asépticos. La elaboración de la información también conlleva una carga emotiva que influye en la percepción y asimilación del individuo que la recibe. El terror, por ejemplo, es una emoción humana que sirve para asegurar nuestra supervivencia como especie pero también tiene otras utilidades. Este hecho también dará para muchas entradas en este proyecto.

Me gustaría despedir esta entrada con una frase extraída de la novela a la que hacía referencia al comienzo. Winston Smith, en el lecho amoroso con Julia, tras leer unas líneas de un libro subversivo, le dice “comprendo cómo pero no comprendo porqué”. El proyecto de este blog es desmenuzar el cómo, saber un poco más de él. El porqué no es asunto de la Ciencia.

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1 comentario
  1. José Tomás dijo:

    Muy bien escrito… hay que concretar los interrogantes investigadores, poco a poco.

    Espero las siguientes entradas.

    Abrazotes.

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